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07
Feb
08

El Cachafaz (Ovidio José Bianquet) – Aniversario – Biografía

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El Cachafaz
7 de febrero de 1942:

Falleció en la ciudad de Mar del Plata el más famoso de los bailarines de tango, de dicho tiempo, El Cachafaz
(Ovidio José Bianquet),
a punto de cumplir 57 años.

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por Néstor Pinsón

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Nombre completo:
Ovidio José Bianquet
Seudónimo: Benito
(14 de febrero de 1885 – 7 de febrero de 1942)
La historia de “El Cachafaz” es parte de la mitología tanguera, una leyenda, hoy quedan pocos que puedan dar testimonio de su vida y de su arte.
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Su imagen quedó grabada en el film TANGO, estrenado en 1933, donde se lo puede ver con su compañera Carmencita Calderón, apenas una chiquilina menor de 20 años.
Aparece poco elegante de la cintura para abajo, con el torso bien erguido, pero con demasiado movimiento de pies, posiblemente por orden del director de la película, para llamar la atención.
Su apodo quedó para nuestra historia cotidiana como nombre y apellido definitivo: El Cachafaz.
Según el diccionario de lunfardo de Adolfo Enrique Rodríguez, cachafaz, significa: bribón, descarado, insolente, pícaro, holgazán.
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Es posible que lo haya sido y es posible que no, su rostro generaba dudas.
Peinado a la gomina, el pelo tirante hacia atrás, rasgos aindiados y picado de viruela, siempre posaba con gesto serio en las fotos y en el cine.
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Su nombre real era Ovidio José Bianquet, aunque para algunos su nombre era Benito.
Aquí entra a tallar don José Gobello y en un artículo da su opinión:
“Ese fue un apodo que ganó de chico y por una confusión.
Vivía en la calle La Rioja en el barrio de Balvanera sur cuando a la seccional de policía denunciaron que alguien había roto un vidrio de un negocio de una pedrada. Lo acusan y se llega hasta su casa, la madre, una cordobesa, no lo puede creer y ante el policía sólo atina a exclamar: “No puede ser si él es buenito, es buenito”.
La autoridad entendió Benito y así pasó el informe, Benito Bianquet. Ver nota “Los bailarines famosos…”, donde hay otra opinión)
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¿Y por qué El Cachafaz?
Según Gobello, nuevamente, que de muchacho fue atropellador con las mujeres y supo propasarse algunas veces. Una de ellas se quejó ante su padre y dicen que exclamó furioso: ¡Mi hijo es un cachafaz! Los muchachos del barrio o todos los que fueran hicieron el resto.
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Había nacido el 14 de febrero de 1885 en la esquina de Boedo e Independencia, hoy barrio de Boedo.
En 1911 viajó a los Estados Unidos y de regreso en 1913 instaló una academia de baile.
Entre 1910 y 1929 tuvo de compañeras, en el amor y en el baile, a Emma Bóveda y Elsa O’Connor, más tarde destacada actriz dramática del teatro y del cine.
Luego Isabel San Miguel y desde 1933 exclusivamente como compañera de danza a Carmencita Calderón.
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En 1919 anduvo por París, dicen que para actuar en el mítico “Garrón”, donde se hacía conocer el músico argentino Manuel Pizarro junto a sus hermanos, pero el modo de vida europeo y él no iban de acuerdo y por tal motivo regresó.
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Dice Gobello que dio lecciones de baile muy bien pagas a gente de la alta sociedad y termina con una reflexión acertada: “Haya sido realmente el máximo bailarín de tangos o no lo haya sido, por tal se lo tendrá siempre”.
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Falleció al fin de una actuación en la ciudad de Mar del Plata el 7 de febrero de 1942.
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Reportaje de la periodista Irene Amuchástegui a
Carmen Calderón al cumplirse 55 años de la muerte de “El Cachafaz”.
Diario Clarín, Buenos Aires, 7 de febrero de 1997.
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“Tenía un don especial –cuenta Carmencita- elegancia y un compás único. Fue un gran creador de pasos, pero también tenía muchos “cortes” (figuras) en común con José Giambuzzi “El Tarila”. .
Don Benito los hacía impecables, sin encorvarse y con una delicadeza que le quitaba lo soez al tango, al baile. Porque hay que decir que el tango, a veces, es un poquitín bastante asqueroso, hay cortes donde la mujer mete la pierna entre las piernas del hombre.
El lo hacía con prestancia. Era el mejor.
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Vestía saco negro y pantalón fantasía (a rayas negras y grises) para el tango con cortes y para el tango de salón vestía de smocking.
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No era buen mozo, era feo como noche oscura y esa cara picada de viruela, pero su forma de ser era suave y simpática. Ahora, cuando se enojaba temblaban todos.
Nunca uso revólver, de un cachetazo los dejaba dormidos.
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Lo conocí en el club “Sin rumbo” (que aún existe). Fui con mis hermanas menores a quienes crié al morir mi madre.
Estaba sentada y alguien me insistió para que bailara con un hombre que estaba allí. Supe que era “El Tarila”, acepté y al terminar la pieza me dijo: “Usted aceptaría ser mi compañera y la compañera de “El Cachafaz”?” Cuando escuché ese nombre me prendí como abrojo.
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Debuté con don Benito en el cine-teatro San Fernando, tocaba la orquesta de Pedro Maffia, el mejor bandoneonista. Trabajamos mucho para las compañías de revistas de Francisco Canaro. También viajamos, pero allí “El Cacha” la pasaba mal, extrañaba mucho, porque él era de dormir todas las noches en la casa de la mamá. Además le gustaba llegar todas las tardes a la seis al café de Corrientes y Talcahuano donde ocupaba siempre la misma mesa y recibía a sus amigos, entre ellos Gardel.
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Bailamos la última noche, fue en un local llamado “El rancho grande”, en Mar del Plata. Terminamos de actuar y me fui a un cuarto con la patrona para escuchar por radio un partido de fútbol entre Argentina y Uruguay.
De pronto se asomó y me dijo: “Carmencita, la espero después del partido para tomar medio whisky.” – siempre me trató de usted-.
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Al ratito entró una mujer a los gritos para decir que don Benito estaba tirado en el patio. Cuando lo vi tirado en el suelo pensé que era sólo una caída. Ya pasaron 55 años.”
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14
Dic
07

Javier Girotto – Buenos Aires Italian Jazz Festival – Biografía y Su Música

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Javier Girotto – Buenos Aires Italian Jazz Festival
– Biografía y Su Música.

Será uno de los protagonistas destacados del festival.

Su historia musical, como la del jazz, está hecha de cruces, pasiones y coincidencias.

En 1991 el saxofonista terminaba sus estudios en la Berklee College of Music de Boston. Había entrado a Estados Unidos con su pasaporte argentino y una visa de estudiante que ya no podía renovar.

Entonces decidió apelar a sus orígenes italianos y viajó al país de sus ancestros, para tramitar el pasaporte que le permitiría circular con más facilidad por Norteamérica.
El trámite debía llevar algunos días, “pero el arte que tiene ese país, la historia, la gente, la cultura impresionante de la comida, el buen nivel de los músicos”, como él mismo explica en diálogo con Página/12, lo sedujeron.

En una semana decidió quedarse en Roma, donde hoy vive.
Hace diecisiete años que desde la Ciudad Eterna Girotto transita el jazz de Europa, donde en la actualidad es considerado uno de los más sólidos saxofonistas, además de un original compositor y arreglador.

El grupo de jazz latino Tercer Mundo, el ensamble Six Sax, Aires Tango, los dúos con el bandoneonista Daniele Di Bonaventura y el acordeonista Luciano Biondini, La Orchestre Nacional du Jazz de Paris, el cuarteto piano less de Enrico Rava, la colaboración con el Vertere String Quartet, la Parco della Musica Jazz Orchestra, sus composiciones para orquestas sinfónicas, la participación en los más importantes festivales europeos y una discografía que supera los veinte trabajos personales –además de innumerables participaciones como sideman– son algunas de las marcas artísticas de un recorrido en el que las raíces musicales se proyectan en el jazz con natural amplitud.

–Nació en la Argentina, estudió en Estados Unidos y vive en Europa. ¿Qué características musicales rescata de cada lugar?

*–De Argentina admiro y amo lo que es el folklore y el tango, que son mis raíces; en Estados Unidos estudié y toque muchísimo jazz, y en Europa logré hacer una mezcla de todo esto.

–¿Cómo conjuga estas raíces con el resto de influencias que pasan por su música?

*–Es el resultado de experiencias por diversas partes del mundo.
Hay influencias que se pronuncian naturalmente, sin pensar en la raíz pura. Pero todo es el producto de una continua búsqueda, que es lo que en realidad me da fuerza y entusiasmo.

El día que el interés por buscar y experimentar nuevas cosas, nuevos estilos, se acabe, abriré un restaurante típico italiano. Naturalmente con música, pero ya para los amigos.

Cuando habla de sus influencias, Girotto aclara que va más allá del jazz y junto a Wayne Shorter cita a John Surman, Egberto Gismonti, Hermeto Pascoal y Hugo Díaz.

“Por supuesto, también están las influencias de la música clásica”, agrega el músico. En sus comienzos, en Córdoba, además de formar parte de algunos de los grupos de jazz más interesantes de los ’80, integró la fila de caños del grupo cuartetero Chébere, que por entonces era uno de los más populares de la provincia.

–¿Tocar en los cuartetos lo ayudó a crecer como músico?

*–¡Claro que me ayudó! Me ayudó, por ejemplo, a eliminar el temor del escenario, a afinar la relación con el público, a adquirir la soltura en el show y, sobre todo, me enseñó a entender que con cualquier tipo de música que haga me tengo que divertir. De lo contrario, las cosas no funcionan.

–Y su paso por Berklee, ¿qué significó en su formación?

*–Estudiar en Berklee en aquella época fue fundamentalmente un motivo para obtener la visa para entrar en los Estados Unidos.
Una vez en la escuela pude encontrar profesores como Hall Crook, Gerge Garzone, Joe Viola, Herb Pomeroy, con quienes además toqué, y eso resultó una inmensa experiencia de aprendizaje.

La cosa más importante fue, sobre todo, compartir jam sessions y conciertos todos los días, tocar con todos los músicos del ambiente de Boston de aquella época –entre 1987 y 1991– y compañeros de aquel período como Joshua Redman, Diego Urcola, Danilo Perez y Kurt Rosenwinckel, entre otros.

–¿Cuáles son las tendencias más fuertes en el jazz italiano actual?

*–El jazz italiano tiene en la actualidad un nivel superlativo.
Obviamente, las tendencias más fuertes pasan por los derivados del jazz norteamericano, el bebop y el hard bop, pero siempre hay espacio para esa característica italiana que es la melodía, un poco a la manera de las músicas de las películas de Fellini.

–¿Qué características distingue en el jazz europeo respecto del estadounidense?

*–En este momento, según mi criterio, las cosas más interesantes en el mundo del jazz se dan en Europa. Veo que allí hay más creatividad, más entusiasmo y originalidad.Posiblemente se deba a que en Europa existen mayores posibilidades de trabajo.

Yo creo que en este momento “l’América”, como decían nuestros mayores, está en Europa, al menos en cuanto a lo que al jazz y sus alrededores se refiere.

–¿Con qué músico de jazz con el que no haya tocado le gustaría tocar?

*–Con Egberto Gismonti, por supuesto.

–¿Está al tanto del jazz que se hace en la Argentina?

*–De lo que escuché me encantó el grupo Aca Seca y lo que hace Quique Sinesi, que en realidad no se trata de jazz, sino de “contaminaciones” entre el jazz y la música argentina.

El resto de lo que escuché me dio la impresión de que se busca imitar o acercarse a los estadounidenses, concepto que no me interesa demasiado.

–Esta vez tocará en dúo con un acordeonista, pero habitualmente integra diversos tipos de formación. ¿Con cuál se siente más cómodo?

*–El dúo con Luciano (Biondini) existe desde hace ocho años y ya grabamos dos discos –El Cacerolazo y Terra madre–. Esta es una formación que me expone mucho, me exige musical e instrumentalmente.
Toda la música que hacemos es original, escrita por nosotros, con muchos espacios a la improvisación, totalmente libre y sin ningún esquema. Esto es el fruto del tiempo que hace que tocamos juntos y del entendimiento que existe entre nosotros, además de los numerosos conciertos que por suerte estamos haciendo en toda Europa.

En otros proyectos que estoy llevando adelante me gusta más asumir la dirección musical, escribir y organizar la música y dar espacio a los músicos que elegí para tocar conmigo.

–¿Cuáles son esos proyectos?

*–Acabo de hacer un disco con Paolo Silvestri Ensamble –un ensamble de vientos– que presentaremos en el Umbria Jazz Winter el 29 de diciembre, con Luciano Biondini en acordeón y yo en saxo soprano y barítono.

Además, recién estrenamos con la Orquesta Sinfónica de San Marino un concierto latino, que escribí para orquesta y saxo soprano, del que seguramente saldrá un disco.

Esto es el comienzo de una experiencia que llevaremos adelante con distintas orquestas sinfónicas europeas.

–¿Podría dar una definición actualizada de jazz?

*–Para mí decir jazz significa decir improvisación, porque el jazz en esta época está influenciado por casi todos los ritmos del mundo.

Muchos distinguen entre jazz (entendido como el bebop, el hard bop, el swing y esas cosas) y la música étnica.
Esta definición me resulta muy racista; yo creo que el futuro de la música está en los países del tercer y cuarto mundo.
Resumido de:
Santiago Giordano
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-8637-2007-12-14.html
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Links
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Javier Girotto – Aires Tango – Orígenes
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Javier Girotto & Daniele di Bonaventura & Strings – Recordando Gardel – 2004
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19
Oct
07

Cátulo Castillo – Biografía

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Cátulo Castillo
Poeta
(6 de agosto de 1906 – 19 de octubre de 1975)
Nombre completo: Ovidio Cátulo González Castillo
http://www.todotango.com/spanish/creadores/ccastillo.html

Cátulo Castillo recorrió con sus letras los temas que siempre obsesionaron al tango: la dolorosa nostalgia por lo perdido, los sufrimientos del amor y la degradación de la vida.

No tuvo en cambio espacio para el humor ni para el trazo despreocupado, y tampoco para el énfasis rítmico de la milonga.

La palabra “último” figura en varios de sus títulos, como dando testimonio de ese desfile de adioses que atraviesa sus letras, donde hay siempre compasión por quienes padecen y un frecuente recurso al alcohol como fuga.

Cátulo no se dio, como letrista, un perfil definido, en lo cual se parece más a Enrique Cadícamo que a Homero Manzi.

No alcanza a menudo la calidad poética de éste ni el lacerante poder de observación de Enrique Santos Discépolo, pero enalteció al género con una obra vasta e influyente, siendo también notable su aporte como compositor.
Aunque su obra de músico no sea la que nos ocupa en esta semblanza, es justo recordar que, en su juventud, Cátulo concibió páginas de gran hermosura, varias de las cuales llevaron letra de su padre, José González Castillo, talentoso comediógrafo y dramaturgo de ideas anarquistas, que hasta debió exiliarse por unos años en Chile, llevando a su pequeño hijo, para escapar de la represión.

Tangos como el imperecedero “Organito de la tarde” (que concibió cuando contaba 17 años), “El aguacero“, “Papel picado“, “¡El circo se va!” y “Silbando” (en colaboración con Sebastián Piana) dan cuenta del único caso de semejante comunión creadora entre padre e hijo en la historia del género.

También con otros letristas escribió páginas trascendentes, como “La violeta“, con el poeta Nicolás Olivari; “Corazón de papel“, con Alberto José Vicente Franco, o “Viejo ciego“, con Manzi (y en colaboración con Piana), entre otras.

Un dato asombroso es que Cátulo haya podido ser, al mismo tiempo que inspirado músico y poeta, un boxeador de renombre, que llegó a conquistar el título de campeón argentino de peso pluma.
El compromiso político con los explotados inspiró una de sus obras tempranas, “Caminito del taller“. Ese tango, que Carlos Gardel grabó en 1925, le pertenece a Cátulo en letra y música. Describe en él, con enorme sensibilidad, el triste destino de una costurerita enferma, a la que observa pasar rumbo al trabajo en las mañanas invernales con su fardo de ropas. Así como creó con ésta una composición clave dentro del tango de protesta social, Cátulo también aportaría obras emblemáticas para otras tesituras.
Tal el caso de “Tinta roja“, de 1941, con música de Piana, donde se funden en la añoranza el barrio y la propia infancia. “¿Dónde estará mi arrabal? ¿Quién se llevó mi niñez?”, pregunta su protagonista.

De ese mismo año, y de la misma pareja autoral, es “Caserón de tejas“, un hermoso vals que llora las mismas pérdidas y, dentro del repertorio de compás ternario, es también una obra sobresaliente.
De otro carácter es “María“, con música de Aníbal Troilo, creado en 1945. Poema intensamente romántico, que evoca un amor encerrado entre dos otoños, puede ser elegido para representar toda aquella corriente sentimental que bañó al tango durante la década de los ’40, con influencia del bolero y con el papel protagónico del cantor de orquesta, que seducía al público femenino con su voz, sus temas y su estampa.

Aunque el amor sigue siendo fuente de penas y sinsabores, ya no hay en estas historias perversidad ni traiciones. Su lugar suele tomarlo el misterio: “Un otoño te fuiste, tu nombre era María, y nunca supe nada de tu rumbo infeliz…”, versea Cátulo.
Aunque haya sido un letrista decisivo en aquellos años, el liderazgo poético del género lo alcanzaría recién en la década del ’50.

Es preciso recordar que en 1951 murieron Discépolo y Manzi, que Cadícamo había reducido mucho su producción, como también ocurrió con José María Contursi, y que sólo Homero Expósito, entre los máximos nombres de las letras tangueras, intentaba renovarse a sí mismo, aunque su mejor inspiración ya había pasado.

Claramente, fue Castillo quien dominó el panorama y tuvo el mérito de abrir nuevos caminos, que sin embargo se irían borroneando con la declinación que sufrió el tango desde finales de aquella década. Por otro lado, los vanguardistas, con la magna excepción de Astor Piazzolla, concentraban su interés en el tango instrumental.
Aunque Cátulo siguió escribiendo en la línea evocativa, con tangos como “Patio mío“, “El patio de la Morocha” o “El último farol“, lo mejor de su nueva producción no estuvo allí.

Cerca ya de sus cincuenta años, sus letras comienzan a expresar una actitud desesperada ante la vida. Es con esos tangos de la desesperación, impregnados de sensualidad y de filosofía, que construye el último apogeo poético del género, irguiéndose por encima de sus contemporáneos. “La última curda“, de 1956, con música de Aníbal Troilo, es probablemente el tango cantado más trascendente de esa década.

Como había hecho Manzi en 1950 en “Che, bandoneón” y otros letristas en tantas otras piezas anteriores, Castillo dialoga con ese fuelle de “eco funeral” donde residen los secretos del tango y de la existencia.

Olvido, condena, fracaso, alcohol, aturdimiento son los elementos de esa conversación sombría, que define a la vida como “una herida absurda”.

Las versiones iniciales que grabó el cantor Edmundo Rivero, en 1956 con Troilo y en 1957 con Horacio Salgán, son de una rara perfección. Una lectura diferente pero asimismo memorable es la registrada en 1963 por Roberto Goyeneche, también con Troilo.
Otros tangos fundamentales de aquella etapa fueron “Una canción” (1953), con música de Troilo; “Anoche” (1954), con Armando Pontier, y “Perdóname” (1954), con Héctor Stamponi, tres obras mayúsculas que motivaron excelentes versiones (por voces tan destacadas como las de Alberto Marino, Horacio Deval, Charlo, Jorge Casal, Pablo Moreno u Oscar Alonso, entre otras).

El drama de los inmigrantes italianos le inspiró piezas de gran relieve, como “Domani” (1951), con Carlos Viván, y “La cantina” (1954), con Troilo. Ya en los años ’60 forjó importantes éxitos con el áspero “Desencuentro” (1962), con Troilo, y el más convencional “El último café“, con Stamponi.
Con estas menciones no se agota la extensa obra creativa de Cátulo Castillo. Para evitar que queden innombrados en esta semblanza, citamos otro número de excelentes tangos con los que enriqueció los mejores repertorios:

Se muere de amor” (con Pedro Maffia), “Color de barro” (Anselmo Aieta), “Dinero, dinero” y “Malva” (Enrique Delfino), “La madrugada” (Angel Maffia), “Te llama mi violín” (Elvino Vardaro), “Una vez” (Osvaldo Pugliese), “Naná” (Emilio Barbato), “Para qué te quiero tanto” (Juan Larenza), “Rincones de París” y “Volvió a llover” (Osmar Maderna), “Burbujas” (Carlos Figari), “Maleza” (Enrique Munné), “Pobre Fanfán” (Delfino/Barbato), “Ventanal” (Atilio Stampone), “Tango sin letra” (Venancio Clauso) y “Sin ella” (Charlo).

La amplia y sobresaliente nómina de compositores
con los que colaboró confirma el compromiso de Cátulo con el mejor tango.
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05
Oct
07

Caloi en Canal 7 (Buenos Aires) – – – Caloi – El Libro de Clemente (Ediciones de la Flor-1996)

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Caloi

El Jueves 16 de Noviembre del 2006, se inaugurar el monumento a “Clemente“, en la plazoleta ubicada en la intersección de las calles Mitre
y Diagonal Brown de la ciudad de Adrogué.´

La obra escultórica fue encargada a Fernando Rusquellas, quien fuera el realizador de los muñecos que dieron vida a los micro-programas de Clemente en televisión a partir del año 1982.
Este acontecimiento implica un reconocimiento de la Municipalidad deAlmirante Brown a un personaje de historieta “Clemente“, que desde hace más de 30 años nos hace reír y reflexionar sobre la realidad que nos toca vivir.

Ese Clemente, pájaro, pato o pollo, Clemente en fin, que se sitúa entre la memoria de arrabal y el profundo quiebre generacional delos 60; entre la pose canyengue y la nueva mirada cruzada por la militancia, el psicoanálisis y la cultura pop.

Su autor, Caloi, (Carlos Loiseau), vivió en Adrogué, concurrió al Colegio Nacional, del cual egresó en 1966, año en que comienza a colaborar con los principales medios gráficos del país como dibujante(revistas Tía Vicenta, Siete Días, etc).

En 1967 se estableció en Burzaco, en 1976 tiene su casa y su estudio en José Mármol, donde elabora dos instancias principales de lavida de su personaje “Clemente”, las tiras del Mundial 78 y la aparición en TV del personaje en Canal 13 en 1982.

Caloi, formó parte de los planteles de básquet del Colegio Nacional y de los veteranos del Club El Fogón de J. Mármol.
Residió en el Partido de Alte Brown hasta 1992 forjando amistades que el devenir de la vida cimentó con caracteres indelebles.

La trascendencia nacional de su arte se amplió a otros países como,Uruguay, Brasil, Venezuela, Colombia, México, Estados Unidos de América, Cuba, Puerto Rico, España, Italia, Francia, Bélgica, Alemania, China y Japón.

Subsecretaría de Cultura.
Dirección de Cultura.
Noviembre de 2006.
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CALOI Y CLEMENTE DISTINGUIDOS POR LA LEGISLATURA PORTEÑA

El día 27 de setiembre de 2004, en un acto llevado a cabo en el Salón Dorado de la Legislatura porteña, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, declaró a Caloi,
Personalidad Destacada de la Cultura por su aporte a “la cultura popular y tradicional, de valor histórico, artístico y lingüístico”.
En tanto Clemente fué declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

Clemente nació en Clarín el 12 de marzo de 1973, en un período que su creador, en una entrevista, rememoró como de “grandes movilizaciones y agitación política”.
En ese contexto se propuso —afirmó— “hacer una tira suelta y con mucho absurdo”.

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Caloi – El Libro de Clemente ( Ediciones de la Flor – 1996)

Link

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Lo nuevo de Caloi

El domingo 7 a las 19, Canal 7 estrena la séptima temporada de Caloi en su tinta,
programa dedicado a la difusión del cine de animación, conducido por Caloi.

El primer envío estará dedicado a los viajes, pero no los de tipo turístico.
Esta vez se trata de un recorrido por destinos fantásticos con la imaginación como único medio de transporte.

Se verán cinco cortos, estrenos absolutos para la televisión argentina, premiados en todo el mundo y animados con diversas técnicas

Los títulos del especial serán:

Cada día paso por aquí, de Raúl Arroyo (España, 2004);
Del big bang a un martes por la mañana, de Claude Cloutier (Canadá, 2000);
La rutina, de Cédric Babouche (Francia, 2003);
Sueños y deseos. Lazos de familia, de Joanna Quinn (Inglaterra, 2006), y
Viaje a Marte, de Juan Pablo Zaramella (Argentina, 2005).
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24
Sep
07

Juancito Díaz – Biografía

Entrevista a Juancito Díaz

Pianista(14 de junio de 1914)

Falleció el 22 de Setiembre de 2007

Nombre completo: Juan Víctor Díaz

Apodo: El Caballero Solista del Tango

Por Carlos Inzillo

Yo nací en un pueblo de Santa Fe, Peyrano.

Mi padre era empleado del ferrocarril y tenía ese destino.

Allí me recibí de profesor de piano, solfeo y armonía.

Ya a los 17 años empecé a foguearme en Rosario y en 1940 me llamó para integrar su orquesta Manuel Pizarro, veterano embajador del tango en París.

«Al poco tiempo, me convertí en orquestador del conjunto y entonces me llamó mi primo,

Fulvio Salamanca, que estaba con Juan D’Arienzo, para incorporarme a la orquesta

Necesitaba tener dos pianistas.

Dado el gran despliegue que realizaba necesitaba tener cambios idóneos. Pero resultó que D’Arienzo no participaba de la idea, pues al ser familiar de Fulvio ante algún conflicto podía hacer causa común con él.

Pasaron los días y por alguna razón mi primo se enchinchó, largó el piano y se mandó a mudar. A la mañana siguiente me vinieron a buscar para que me presentara en Radio El Mundo para tocar con la orquesta. Empezamos a ensayar, entró Juan y me saludó. Pero cuando faltaban cinco minutos para que empezara la audición, entró Fulvio, y me levanté y le cedí su banqueta.

Entonces me fui al control para ver como ajustaban el sonido y los micrófonos. Juan estaba asombrado porque yo fui para cumplir sin otro interés. Desde entonces me tuvo cariño. Estuve unos dos años colaborando.

«¿Cómo nació mi apodo, lo del Caballero Solista?

Era costumbre de Juan irse toda la temporada veraniega a Montevideo.

En ese ínterin cuatro o cinco muchachos se fueron haciendo hinchas míos y me vinieron a buscar a casa.

Salimos a caminar y andando por Paseo Colón, cerca de la cortada San Lorenzo llegamos a un local que se llamaba “Vieux París”.

Mis amigos querían que tocara “¡Cómo voy a tocar solo!”, contesté. Pero insistieron y me senté al piano. Y parece que gustó mucho mi programa.

Al día siguiente los muchachos vinieron a buscarme por Barracas, porque el dueño del local quería contratarme por cinco mangos por noche. Era 1943, tenía un piano de cola blanco y me mandaban whisky a “rolete” por los pedidos de temas.

La casa me daba un peso por cada uno y como era un importado muy bueno yo tomaba un par nada más, porque si seguía me mamaba y no podía continuar tocando. Pero la barra alentaba y se tomaba mis copas y las minas… ¡qué mujeres! Alguien, no recuerdo quien, salió con lo del Caballero y así continué hasta ahora.

«En el Teatro Politeama tuve mi noche, fue en septiembre de 1951, Buenos Aires me consagró el primer concertista de tango de la historia de nuestra música.

La sala estaba repleta con muchas personalidades en los palcos. El recital abarcó cuarenta páginas de oro, entre tangos, milongas y algunos valses.

Filiberto, dijo esa noche: “Juancito Díaz lleva el tango en los caracúes”.

«Uno de mis recuerdos más gratos fue el de las actuaciones por la provincia de Buenos Aires, en embajadas culturales, por Mar del Plata, Tandil y cantidad de pueblos y ciudades.

Allí, la figura era Fernando Ochoa.

Primero salía él con sus versos, luego yo hacía veinte minutos de música y después, Fernando nuevamente caracterizado de su personaje Don Bildigerno.

En el final solíamos hacer un bis y yo le hacía un acompañamiento de fondo criollo. Fue todo un éxito y nos recibían con gran cariño.

Al morir Ochoa tomó su lugar un gran actor, Santiago Gómez Cou.

«Fui muchas veces al extranjero. Estando en Suiza, en Ginebra, me alojé en un gran hotel. Era una época invernal y nevosa. Le pedía permiso al gerente para acceder a la sala de piano y allí me ponía a ensayar. No me gustaba que entrara nadie, para estar a solas con mis tangos.

En un momento, aparecieron dos personas detrás de la puerta. No me gustó en absoluto eso, pero no dije nada.

Al ratito me hablaron en español: “El maestro Arthur Rubinstein lo quiere felicitar”.

Era un enamorado del tango desde que había estado en Buenos Aires.

Aproveché la ocasión para decirle: “Maestro, ¿por qué no toca un vals de Chopin para mí?” La emoción fue muy grande y lo primero que pensé fue en tirar mi piano. Después, recapacité y me reía sólo, de agradecido.

Lady Patachou

«Estando en París, fui invitado por el presidente De Gaulle a Montmartre, barrio donde tenía su boite la famosa cantante Lady Patachou.

Estábamos sentados a una mesa con una gente y ella se pone a hacer su show, en tiempos en que andaba en amores con Maurice Chevallier.

Después, me anunció, tras cantar, y de una mesa sentí un grito:

“¡Juancito Díaz, “La cumparsita”!” Por fin una voz en español, pensé. Y al rato nomás, gritaron cinco uruguayos. Les mandé “La puñalada”. De otra mesa: “¡Algo pa´Chile!”, toqué “Las dos puntas”. La Patachou no les cobró nada a esas mesas, un buen gesto.

Poco después me dijo: “Yo quisiera que actúe un mes conmigo aquí y después salir en
gira por la Costa Azul, junto a Chevallier, los tres juntos”. Pero mi Buenos Aires no me dejó. Tenía contratos firmados y a pesar que intervinieron abogados, me quedé con las ganas.

«En Suiza, al presentarme en el Teatro Cour St.Pierre, de Ginebra, empecé mi recital y me silbaron. Así siguió la cosa, tema tras tema. Terminé la primera parte, me mandé otro “wiscacho” y no entendía nada.

Más tarde vinieron a saludarme el embajador argentino y muchos periodistas que me preguntaban cosas acerca de la milonga.

Ahí me aclararon que el silbido era el signo de máxima aprobación para ellos. Al día siguiente el alcalde me condecoró con la banda de honor.

Alberto Barceló

«En 1942, yo hacía El Chantecler hasta la medianoche y, después, me iba para el Tabarís. Un día, cuando ya volvía para mi casa de Barracas, un tipo se me acercó y me preguntó si podía tocar en una fiesta particular, con un buen pago.

Vinieron a buscarme el día convenido en un auto grande. Pasaron por mi barrio y enfilaron para Avellaneda con una comitiva de autos muy grandes.

Llegamos a una mansión bárbara y me dijeron: “Allí tiene su piano ,maestro”.

Empezó la fiesta y fue subiendo de tono, con bellas damas.

Cuando las papas quemaban, apareció el patrón y me dijo: “Mis choferes lo van a llevar”.

En el trayecto charlamos sobre viejos tangos. Al tiempo me enteré que el conductor era Ruggerito, el famoso pistolero y su acompañante El Pibe Cabeza. Y la persona que me había contratado, don Alberto Barceló, “el mandamás” de Avellaneda.

«Otra de Europa:

yo no cazaba una con el idioma y estaba en la campiña francesa donde no me entendían nada. Una mañana, con un frío terrible, me desperté a eso de las diez y llamé al mozo para que me trajera el desayuno al cuarto. Tras mucha parla y señas, parecía que me había comprendido, porque yo lo que simplemente quería era “feca con chele” y medialunas.

Al rato golpeó la puerta: Traía una bandeja con dos botellas de champagne helado.
Y bueno, se las tuve que hacer dejar, nomás».

Como compositor nos dejó: “Ladrón de sueños”, “Pampa y güeya”, “Tango a Florida”, “Ya te hice el tango vieja” y “Lloré por los dos” (vals), entre otros.

Una curiosidad fue verlo en el cine como protagonista de la película “Adiós muchachos”, donde en versión muy libre, interpreta al autor del tango que da nombre al film, Julio César Sanders. Fue estrenada el 23 de noviembre de 1955, primera película dirigida por Armando Bo, con la aparición del cantor Alfredo Dalton, en el rol del amigo íntimo de Julio (Juancito Díaz).

Dalton, era el reciente ganador de un concurso de cantores cuyo premio mayor era justamente intervenir en dicho film.

Reportaje publicado en la revista “La Maga” (28/6/1995)
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Publicación anterior con su música
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06
Sep
07

Luciano Pavarotti – Falleció hoy (06-09-07) – – – Luciano Pavarotti – Pavarotti & Friends -1992

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Luciano Pavarotti

Falleció hoy
6 de setiembre de 2007

El rey de los tenores Luciano Pavarotti, una de las grandes figuras del mundo operático, falleció este jueves en su casa de Módena, Italia, después de sufrir cáncer de páncreas por más de un año.

Pavarotti nació en Módena, Italia, el 12 de octubre de 1935, hijo único de un panadero.

De niño estaba más interesado en el deporte que en la música, y primero ganó fama

a nivel local como jugador del equipo de fútbol de su ciudad natal.
Su primera experiencia como cantante fue en el coro de Módena con su padre, un amante de la opera con una excelente voz de tenor.

Cuando el Coro masculino Rossini ganó su primer premio en una competencia internacional, Pavarotti decidió dedicarse completamente a la música.

Debutó profesionalmente el 29 de abril de 1961 con uno de los grandes papeles para tenores, el Rodolfo de La Bohemia de Puccini, en el teatro de la ópera de Reggio Emilia.
Tras su éxito en Italia vinieron compromisos en Amsterdam, Viena, Zurich y Londres.
En 1965 hizo su debut en Miami con una producción de Lucía de Lammermoor con

Joan Sutherland, la estrella con la que mantuvo una histórica asociación musical.
Frenesí
Fue en Estados Unidos donde Pavarotti realizó una de sus interpretaciones legendarias.

En La Hija del regimiento de Gaetano Donizetti, en la Opera Metropolitana de Nueva York, cantó sin esfuerzo un aria que contenía nueve Dos de pecho, provocando una reacción frenética de la audiencia que reventó en una emocionada ovación.

Sus grabaciones se convirtieron en grandes vendedoras, cubriendo una amplia gama del repertorio operático al igual que antologías de la canción napolitana y otras canciones italianas.
Pero su fama se amplió dramáticamente cuando participó en uno de los más extraordinarios conciertos en tiempos recientes, durante la Copa del Mundo, como uno de los tres tenores.
Transmitido a todo el mundo, el concierto de José Carreras, Plácido Domingo y Pavarotti consistió en una selección de arias famosas y canciones populares.
La transmisión tuvo índices históricos de sintonía, y en consecuencia la grabación se convirtió en uno de los discos más vendidos de todos los tiempos.
Conciertos masivos
Su concierto en Hyde Park de Londres en 1992, en presencia del príncipe Carlos y la princesa Diana de Gales, fue el primer concierto clásico en la historia del parque, que atrajo una audiencia de 150.000 personas.
En junio de 1993 más de 500.000 fanáticos se congregaron en el Central Park de Nueva York para disfrutar de su voz.

Poco después, en septiembre, cantó ante 300.000 seguidores bajo la sombra de la Torre Eiffel en París.

Algunos críticos del mundo clásico calificaron esos conciertos al aire libre como meros trucos publicitarios.
Pero sus defensores argumentaron que Pavarotti estaba haciendo un trabajo invaluable al popularizar la ópera, y permitiendo que millones escucharan una de las grandes voces de la historia.

Realizó conciertos masivos a beneficencia, conocidos como”Pavarotti & Friends”.
También hubo críticas a sus duetos con estrellas del pop como Sting, Bono y Brian Adams.
Sin embargo Pavarotti también estuvo dedicado al desarrollo y la promoción de cantantes jóvenes, impartiendo clases particulares alrededor del mundo.
En marzo de 2004 Pavarotti realizó su última presentación en un teatro de Nueva York, donde su interpretación en Tosca, de Puccini, le valió una ovación de pie de 11 minutos.
Más tarde ese año anunció que comenzaría una gira de despedida por 40 ciudades, antes de retirarse definitivamente.
Pero los quebrantos de salud estropearon sus planes y debió cancelar o posponer varios conciertos por problemas de laringitis e infecciones en la garganta.
En julio de 2006 anunció la suspensión de su gira mundial y fue sometido a una intervención quirúrgica en Nueva York durante la cual se le extrajo un tumor maligno del páncreas.

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Luciano Pavarotti – Pavarotti & Friends -1992
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Temas
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*01- & Sting – Panis Angelicus for tenor, organ, harp, cello.mp3
*02- & Zuchero – Miserere.mp3
*03- & Zuchero & Sting – Muoio per te.mp3
*04- & Lucio Dalla – Caruso for voice & orchestra.mp3
*05- & Neville Brothers – One More Day.mp3
*06- & Aaron Neville – Ellens Gesang III (‘Ave Maria’), song.mp3
*07- & Suzanne Vega – In Liverpool.mp3
*08- & Mike Oldfield – Sentinel.mp3
*09- & Zuchero – L’urlo.mp3
*10- & Brian May – Too Much Love Will Kill You.mp3
*11- & Sting – It’s Probably Me.mp3
*12- & Bob Geldorf – Room 19 (Sha La La La Lee).mp3
*13- & Patricia Kaas – Les Hommes qui Passent.mp3
*14- & Sting & Zuchero & L.Dalla & B.May – Rigoletto, opera,.mp3
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Link
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01
Sep
07

Enrique Tornú – Biografía

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Enrique Tornú

Médico

Nació en Buenos Aires el 1º de setiembre de 1865.
Murió en Buenos Aires el 23 de agosto de 1901.

En los últimos años del siglo XIX la medicina adoptó una orientación preventiva y social que se ha acrecentado desde entonces.
Enrique Tornú fue uno de los precursores de esta nueva doctrina, y en ese marco, impulsó decididamente la lucha antituberculosa en la Argentina.
Propiciador, tal vez el primero, de la Liga Contra la Tuberculosis.

Tornú nació en Buenos Aires en 1865.
Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y recibió su certificado de bachiller de manos del doctor Amancio Alcorta en 1886.

Al año siguiente ingresó a la Facultad de Medicina donde cursó los tres primeros años de la carrera hasta 1889, cuando fue designado segundo secretario de la Legación Argentina de Francia, y resolvió seguir los estudios en dicho país.
Los realizó en la Facultad de Ciencias Médicas de Burdeos, practicó en el Hospital de San Andrés y se vinculó con el profesor Pitres, discípulo preferido de Charcot y creador de una gran escuela neurológica.

Había llevado a Francia la representación del Círculo Médico Argentino y en las páginas de sus prestigiosos Anales publicó artículos con novedades y comentarios de indudable interés profesional, a la par de sus primeros trabajos de orden científico.

Su tesis de graduación, Des operations qui se practiquent por la voie sacree, que data de marzo de 1893, fue una de las más brillante de esa época y resultó laureada con en premio Golard.

En 1894 regresó a Buenos Aires y, después de revalidar su título, ejerció la medicina rural en el pueblo de Vaccarezza (Provincia de Buenos Aires).
Luego comenzó a desempeñarse como jefe de clínica del servicio de ginecología del doctor Enrique Revilla, en el Hospital San Roque y en el Hospital Francés, a cuyo cuerpo también perteneció. Su trabajo en estas instituciones le dio gran prestigio como cirujano.

En 1865, el médico francés Jean Antoine Villemin había demostrado experimentalmente la transmisibilidad de la tuberculosis, su naturaleza infecciosa y contagiosa.
En 1882, el gran bacteriólogo alemán Robert Koch descubrió el bacilo (microorganismo que aparece en forma de filamentos y por lo general formando grupos) causante de la tuberculosis, esclareciendo definitivamente la causa de la enfermedad.

Desde siempre Tornú se había interesado por los temas relacionados con la tuberculosis. Sabía que en Europa estaban dando buenos resultados las llamadas curas de aire y se abocó entonces a la tarea de establecer qué región de la Argentina poseía condiciones aptas para la cura climática.

Esta empresa lo obligó a abandonar todas las actividades profesionales que venía desarrollando con éxito y a alejarse de su hogar para pasar una larga temporada en las sierras de Córdoba.

Trasladándose de un paraje a otro, alojado en tiendas de campaña y privado de las elementales comodidades, además tuvo que luchar contra la falta de cooperación y la indiferencia general.
Las estadías en algunos lugares de la provincia de Córdoba, sobre todo Cosquín, ya eran considerados beneficiosos para los afectados por la tuberculosis.
Pero al recorrer algunas de estas zonas, Tornú verificó que no existía ningún criterio racional para la elección de los lugares de cura, que los pacientes no cumplían regímenes de vida adecuados, que su permanencia era casi siempre demasiado breve y que no se adoptaban medidas higiénicas y profilácticas de ninguna especie.

Tras concienzudos y activos estudios pudo hallar los factores ecológicos que estimaba favorables para mejorar el tratamiento de este mal que ya empezaba a constituir un serio problema en la Argentina. Después de adquirir los conocimientos y el dominio técnico indispensable, Tornú llegó a la conclusión de que la más importante arma de lucha contra la tuberculosis era la educación popular.

Además sugirió la creación de sanatorios y la fundación de una liga contra la tuberculosis.

Con esta base, estructuró un plan general de lucha antituberculosa, que contenía dieciséis normas profilácticas, destinado a ser puesto en práctica en todo el país, y cuya aplicación fue iniciada por él durante su permanencia en Córdoba.

La importancia asignada que le asignó a la educación popular lo condujo, en 1899, a fundar la revista La profilaxia.
Sus conclusiones aportaron a la ciencia una contribución de gran valor, que quedó documentada en sus libros Climatología médica de las sierras de Córdoba, La cura de altitud, y Apuntes sobre tuberculosis y sanatorios, dados a conocer en 1901.

Enfermo de tuberculosis, entonces incurable, el doctor Enrique Tornú murió el 23 de agosto de 1901.

Tres años después por iniciativa de un grupo de médicos, se puso su nombre al primer establecimiento construido especialmente para el tratamiento de los enfermos de tuberculosis.
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